En los primeros 50 años de mi vida he viajado poco
exteriormente - y no muy lejos de la puerta de la casa. Algunas veces he estado
en Italia y Noruega, en la Selva Negra de Alemania, en la Isla de Rügen del Mar
del Este y en Francia. Más o menos ha sido esto. Pero interiormente estoy en
camino ininterrumpidamente desde mi infancia: en las oscuras amplitudes de la
Vía Láctea, en la Venus, en el Paraíso y en la Luna. En mi infancia, muchas
veces decían, cuando yo contaba de mis viajes: "Sabine cree que en el cielo hay
fiesta mayor (verbena, fiesta de octubre, chilbi...). Y por cierto, yo lo
creía.
En los años 90 comencé a viajar a Jerusalén, a la
crucificación de Jesús y a las oscuras salas de la muerte. O me encontraba con
mi querido Dios en un cobertizo ladeado en cualquier lugar del desierto
americano. Allí me recliné,
sentada en un banco de madera como en un caballo, con la espalda apoyada en su
barriga gorda y me quedé dormida, para restaurarme de las fatigas de mi vida.
Otro viaje me llevó a la Venus, donde estudiaba la construcción de ciudades que
son muy similares a la de los elbas de Tierra Media. Muchas veces estuve en
Shambhala y buscaba desde allí el camino directo hacia la Tierra, por que sabía
que tiene que existir. Finalmente lo encontré y - con el próximo respiro llegué
a Asgard - en las Salas de Plata en el centro de la Tierra. Desde allí me lanzaron
a la Venus o a las colinas verdes de Atlántida, situadas hacia el este, donde
miraba al sol que subía detrás del horizonte del mar. Aquí con frecuencia
encontraba al que llaman Jesús y pasaba horas hablando con él.
Sí, es esto que la gente caracteriza como
enfermo
y
esquizofrénico o simplemente como una fantasía desbordante - como una
persona que no
está del todo bien de la cabeza y que debe
corregirse. Por cierto que de jóven muchas veces llegaba al límite absoluto de
mi autocredibilidad y autoseguridad. Pero después de alguna vacilación, en vez
de regresar al centro de la sociedad humana, he superado estos límites
encontrando así mi propio centro. La fé en mi misma había sido la fuerza máxima
en todos estos decenios - y a veces dilatada hasta el punto de romperse. Y
entonces siempre había abandonado a los hombres, seguido fiel a mi misma y
continuado mi camino sola. Así he podido regresar a los hombres de una manera
que ni soñando se me hubiese ocurrido en todos estos años. Aceptad este mensaje, permitid que
fluya de mi corazón al vuestro. Confiad en vosotros mismos y mismas, encontrad
vuestros propios caminos. Todos ellos se dirigen al corazón de la nueva
Sociedad. En efecto, todos nuestros caminos son como horizontes curvados que
nos llevan lejos de la humanidad hacia nosotros mismos y con ello
automáticamente de nuevo a la humanidad (compárese Historia Creadora Geométrica
y Bilbo Beutlin: "Hacia allí y otra vez de regreso.").
En 2001 había cumplido ya 46 años y me encontré
"bien asentada". Ya nadie podía
sacarme de mi concepto, es decir, mis dos viajes durante el Proceso de 21 Días
eran tan reales como cualquier viaje encargado a una agencia. En estas tres
semanas terrestres, cuando mi cuerpo había llegado al final de su capacidad en
la cama, estuve una vez año y
medio y una vez dos años y medio andando a pie. La ruta Hanover, Suiza, Italia,
Marruecos y a lo largo de la costa africana del Mediterráneo pasando por Egipto
e Israel - y luego arriba, a
través de Turquía, Grecia y los Balkanes de regreso a Hanover. En el segundo
viaje incluso hice el desvío por la India y el Tibet. Y por cierto que en estos
viajes solo tenía contacto con animales, he jugado con los monos, dormido entre
cocodrilos y en determinados trayectos transportada por camelios.
En 2005 (50 años
de edad y madura!) viajé a
Nueva Zelandia para encontrar el pueblo de los elbas. Antes había estudiado
dedicadamente el vocabulario y la gramática elba - y fuí a parar en las garras de los Orks y Uruk hai. En mis
marchas diarias reales físicas a orillas del River Anduin (Hutt River) y en
Bruchtal o en Rivendell (Kaitoke National Parc) en los primeros siete semanas
me acompañó
Sev, Guardián de la Muerte de Sombra, fiel compañero de
comunicación. Reiteradas veces me mandó a oscuros espacios interiores y me hizo
salir de allí, una vez transcurrido el tiempo. Finalmente, en la playa de
Hokitika, volví a encontrar - y esta vez verdaderamente - el pueblo de Asgard,
quince años después del primer encuentro. Y por cierto, sobre todos estos
viajes interiores y exteriores existen centenares de páginas en mis
archivadores.
Un año más tarde (51 años y aún más madura) estuve
seis semanas en Londres. Nuevamente tenía a
Padre Muerte de Sombra a mi
lado dirigiendo mis pasos a direcciones completamente diferentes de los
planificados. También el viaje con Astrid a Santorín fue en realidad un viaje
con Ohamah a los Egipcios y al Pueblo de Asgard.
Dado que estos viajes exteriores e interiores
siempre determinaban mi vida - y yo nunca llegué a parar en un hospital de
enfermedades siquiátricas, sino que disfruto de una mente despierta, alegre y
de un espíritu claro, he decidido haceros partícipes de mis viajes animándoos a
contemplar también vuestros viajes interiores y tomarlos mucho más en serio de
lo que os aconseja la vieja - al parecer - sana mente humana
Entretanto es consabido que los síndromes múltiples
de personalidad y otras enfermedades síquicas son expresión de grandes
espíritus estancados en el cautiverio de sus cuerpos y en la sumisión a las
opiniones y dogmas de la conciencia de las masas - comp. Viajes Espirituales
El Pueblo de Asgard
¿Cómo
comenzamos?
Cómo encontrar el camino a un mundo que ha sido
cerrado unos 14.000 años para nosotros. Lo mejor será empezar exactamente hace
dos años, cuando todo dió su comienzo para mi.
Comienzo con segmentos de mis diarios escritos en
2005 en Nueva Zelandia y 2007 en Santorín. ¿Qué son diarios? Según mi criterio
son portales entre el propio corazón y todos los demás mundos y dimensiones. De
la misma manera como mis escritos me han llevado años más tarde sobre umbrales, escalones y a través de
velos, podrían hacerlo tambiién con vosotras y vosotros y más aún lo podría
hacer vuestro propio diario.
Demos pues comienzo de una forma ligera mirando lo
que saldrá de ello y cómo se desarrollará. Qué mis diarios os den ánimos a
vosotros y vosotras y vuestros diarios.