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Hokitika en el Océano Tasmánico

Primer encuentro en Nueva Zelandia


Un viaje entre los mundos
Después de siete semanas de « Danza en la Oscuridad de Wellington », tal como lo he descrito en mi curriculum vitae, me hice llevar por el transbordador a la Isla Meridional,  alquilé un coche y en tres semanas viajé le dí una vuelta total a toda la isla – a lo largo de la costa oeste hacia el sur y a lo largo de la costa este volví hacia el norte – en total escasamente 6.000 kilómetros. Siempre tenía al Océano en el lado del copiloto. 

Y hubo muchos momentos durante el viaje, cuando hubiese preferido desviarme de la carretera recta a la derecha para dirigirme afuera al mar. Pues mientras que mi cuerpo rodaba de frente viendo la meta cercana delante de sí, mi alma bailaba y soplaba siempre a la derecha – a lejanos horizontes. Mi cuerpo pasó el tiempo y el espacio solito como un bebé, pero mi alma se bañaba en medio de una gran comunidad de pueblos en vías de regreso, lloraba hasta dañar los ojos, totalmente feliz de haber vuelto a encontrar los que había echado de menos siempre. Pero el volumen y la importancia de este viaje lo comprendí solo muchos meses más tarde.  

Primero había sido un segundo intento de hacer vacaciones, pero ni un solo kilómetro de los transcurridos era sin preparar. De los siete humanos que encontré en estos tres meses, no hubo ninguno que no me hubiese esperado, ninguno que fuese extraño para mi, aúnque los haya encontrado aqui por primera vez en mi vida. No hubo ningún encuentro que no haya sido anunciado ya semanas y meses antes y hasta descrito detalladamente.     


Nueva Zelandia – Isla Meridional – Costa Occidental - Hokitika
6 de noviembre de 2005

Bueno, un problema evidente me acompañaba los tres meses como un buen y fiel amigo: el dinero, mejor dicho, la falta de dinero. Tenía muy poco, contaba con largos paseos por el país, pernoctaciones al aire libre. Pero ocurrió algo totalmente diferente. Lo cierto es que Hokitika es uno de los tres grandes lugares de la fiebre de oro del penúltimo siglo. Se dice que aquí se había encontrado el oro más puro del mundo. ¿Por qué no iba a encontrar yo también Oro Puro, una vez llegada aquí….?

En la cuestión de pernoctar se presentaba a diario el tema de “gastar dinero” y “no tenerlo”, con las conocidas sensaciones  estrechas en el pecho. Y siempre se barrió poco después todo elegantemente de la mesa. 

Circulaba algún tiempo con buenos ánimos en el coche por la ciudad,  muchas calles   
arriba y abajo, inspeccionaba varios moteles y B&Bs desde afuera, olía las energías, los alrededores y los edificios. Una parte de mi lo hacía seleccionando mucho y con un cierto aire de lujo, la otra parte sin muchas ganas y regateando sobre el presupuesto del viaje. Finalmente la primera parte ya no podía más y yo entré en el Jade Motor Lodge.  Mi apartamento en una torre era una habitación grande, clara, pintada en colores a pastel y ventanas hacia tres lados, muy bonita y completamente equipada.   

Una cama doble con mesitas de noche, una mesa baja con tres sillones cómodos, una mesa de comer con cuatro sillas bonitas, en un rincón una cocina con todo lo necesario, con utensilios, herramientas, así como café, tè, leche fresca, cacao, azúcar y galletas caramelizadas. Un armario ropero, un mueble para depositar maletas, pero lo mejor era el spa, una bañera de rincón grande con seis toberas de masaje. Y todo por 95 dólares por día (unos 45 Euro que por cierto no tenía). Primero reservé dos noches, pero después de la primera noche de sentirme como en el paraíso, prolongué una noche más. Me hubiera gustado quedarme tres semanas. Algo me conmovió profundamente y me dió la impresión de estar en casa.

Al atardecer, en la playa
Una vez acomodada en la habitación, me quedó suficiente tiempo para ir a la cercana playa antes de la puesta del sol, donde me quedé hasta plena oscuridad. Ha sido sobrecogedor el ruido de las olas, como truenos fuertes y a la vez quieto. Algo dentro de mi iba cambiando. Me sentí diferente de lo acostumbrado y me dí cuenta de que AQUI era mi verdadera casa, no en la Jade Motor Lodge, donde se encontraba el refugio cómodo para mi cuerpo físico. Pero aquí, a orillas del Océano, donde el agua se descargaba en la arena con un empuje más fuerte de lo que había experimentado hasta ahora, sentí la patria de mi alma. Olas grandiosas, fuertes y ruidosas, me saludaron y se rompieron a mis pies.   


En la franja del rompiente del mar
No me cansaba de mirar, sentir e inspirar.  Como una niña corría hora y media en la franja del rompiente del mar con las piernas de los tejanos arremangadas. De ola en ola, esta franja de arena quedaba seca durante cinco segundos y nuevamente sumergida en agua durante diez segundos, después otra vez seca y así se repetía el juego eternamente. Las olas tienen longitudes de carrera de 15 a 30 metros, según inclinación de la playa. Ocurría algunas veces que yo estaba en arena seca, para seguidamente encontrarme hasta las caderas en el agua. Entonces tuve que cuidarme de que las olas retrocedientes no me arrastrasen adentro del mar, mientras que el suelo arenoso cedía debajo de mis pies. Y apenas recuperado el equilibrio, ya llegaba la próxima ola, de la que tenía que mirar de salvar mi cámara y el dictáfono.   

Ha sido un baile con las olas, un intercambio apasionado, una medición de fuerzas entusiasmada con el Océano. No quise contentarme, chillaba, reía hacia el Océano y gritaba que viniesen todos. Sí, chillaba, gritaba, jubilaba y cantaba a todo meter hacia el mar y el rompiente aseguró que nadie me escuchaba. Solo se veían tres humanos muy lejos. Al cantar notaba que las energías entre mi y los seres allí lejos entraban en resonancia y que comenzamos con un intercambio. Tal como jubilaba con ellos, parecía que me contestaran para comunicarme cosas.    

De pronto supe que muchos seres no corpóreos vienen a través del mar a las orillas de los continentes – a nuestra vida corpórea. Noté y ví que cabalgan en las crestas de las olas a la zona del rompiente del mar y que alcanzan a través de la respiración los espacios corpóreos de aquellos seres humanos que les esperan en la playa. Les ví venir cabalgando, volando y surfing. Siguiendo el ritmo de las olas del agua llegaron grupos enteros de seres. Y constantemente se me formulaba la palabra ASGARD. Mi mente no tenía ni idea lo que era esto  y mi corazón vió levantarse todo un pueblo del Océano. Y me vieron y se me acercaron. Mi ego dijo: ”¡Estás loca!” y mi corazón les dió la bienvenida, los respiró  y les permitió estar vivos dentro de mi y aterrizar a través de mi.    

Sólo cuando había oscurecido totalmente y yo ya estaba tiesa de frío, una voz interior insistió en que me fuese a casa. Estaba mojada hasta el pecho, cubierta con una crosta de sal y de tanto frío ya ni podía temblar. No quise ir a casa, era como una niña que quería continuar jugando – hasta el final de todo lo que existe – jugando a la muerte del cuerpo que ya se encontraba frío, húmedo y lleno de sal, pero muy feliz, en esta noche, en este lugar.    

Finalmente le dije al mar oscuro que ya no veía, que solo oía: “Bueno, me voy ahora. Esperádme aquí, mañana por la mañana volveré.” Entonces escuché: “No, no esperamos, iremos contigo.” Y me enviaron una imagen interior, de la que me entero que algunos de ellos ya estuvieron saltando en mi cama, probaron los sillones y se divertieron en la bañera.  

Así es que me fuí junto con ellos a casa, a la bañera caliente. Las próximos dos horas hasta medianoche las pasé – las pasamos – con mucho café, galletas caramelizadas y fruta en la bañera. Me extendía delante de los agudos rayos de las toberas de masaje leyendo el Hobbit en la versión inglesa, quise finalmente enterarme lo que había acontecido durante la larga ausencia de Bilbo, en su viaje de
« Hacia allí y otra vez de regreso ».

¿Qué ha pasado ?
En los niveles interiores han pasado tantas cosas que yo, en aquel tiempo, nisiquiera era capaz de captarlo todo. Solo más tarde, cuando miré atrás contemplando aquel lapso de tiempo, me dí cuenta de muchos detalles que se me habían escapado entonces, pero los que habían influenciado y dirigido claramente mi cuerpo. Algunas cosas que se habían iniciado días y semanas antes, continuaron o se cumplieron. Otros asuntos que iban a continuar en los próximos años, comenzaron aquí. 

Exteriormente pasaba los días sola y jugando, tenía mucho tiempo y una gran tranquilidad dentro de mi. Lo pasé jugando. Jugaba con las piedras en la playa, con las olas, con el aparato fotográfico y las imágenes, con los pensamientos y fantasías. Solo estuve dos días enteros, más una tarde y una mañana aquí, y sin embargo, yo parecía tener todo el tiempo del mundo a mi disposición – y haberlo aprovechado.  

Me he instalado un “taller de playa” construyendo portales, círculos y espirales. He colocado circulos de piedras y no quise estar ni un segundo sin el ruido del mar. ¡Qué en estos pocos días aterrizasen los seres que sean a través de mi! Mientras tanto quise hacer algo con sentido, o sea, buscaba piedras y colocaba muestras, al principio sencillas, luego cada vez más densas, concretas y multifacéticas. Había horas que buscaba y colocaba piedras con locura. .  

Hoy sé que no fuí yo quien quería los círculos de piedras, sino ellos. Mi cuerpo estaba a su disposición como Portal respiratorio que atravesaron para entrar en nuestro mundo. Y seguidamente comenzaron a tocarlo todo – y a jugar con piedras, pues, después de muchos miles de años en los reinos etéreos volvían a tener por primera vez piedras físicas en sus manos.    

Y, claro está, este juego no se limitaba a los pocos días en la playa, puesto que viajaban conmigo para depositar en otros muchos lugares otros muchos círculos de piedras. En la galería de círculos de piedras o en la serie de tarjetas postales los podeis contemplar.

Aúnque – o por que – yo siempre solo jugaba, ahora, a posteriori, parece difícil contar lo que realmente ha pasado. Actualmente me parece como una danza salvaje entre los mundos, un viaje entre las dimensiones y un baile con un sinfín de seres y humanos. Me da la impresión que no estuve dos días  allí, sino dos años. En la tarde del tercer día estuve sumamente inquieta y muy poco decidida. Tenía que continuar mi viaje, pero no quise partir. ¿Prolongar una noche más en el Jade Motel, un día más de lo previsto? Una parte dentro de mi decía: “No, mañana por la mañana continuamos viajando.” La otra decía: “Pero quiero quedarme todavía. Al fin y al cabo tengo vacaciones y mi agenda está vacía!”  Finalmente, la primera parte se calló y permitió que la niña dentro de mi terminase moviéndose, para decir luego: “¡Mira!”  .

En el cielo se había formado una gigante flecha de nube señalando la dirección que yo eligiría mañana por la mañana.


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Para profundizar esta temática:
Lección 4 La Herencia Atlántica
Lección 16 La Muerte y la Vida
Lección 17 La Muerte y el Morir

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